La monstrua: la historia de eugenia martínez vallejo

Contenido
  1. La historia de Eugenia Martínez Vallejo
  2. Presentada ante el rey Carlos II
  3. Los retratos de la monstrua

En los siglos XVI y XVII, la corte de los Austrias en España contaba con una variedad de personas conocidas como la gente de placer de palacio, que incluía enanos, bufones y monstruos. Estas personas, con acondroplasia, obesidad o deformidades, ingresaban a los palacios españoles desde los tiempos de los Reyes Católicos hasta Felipe V. Aunque estos séquitos solían ser abandonados a principios del siglo XVIII, en el siglo XVII llegó a la corte de Carlos II una niña burgalesa conocida como la monstrua.

La historia de Eugenia Martínez Vallejo

La niña en cuestión se llamaba Eugenia Martínez Vallejo y nació en Bárcena de Pienza, en la provincia de Burgos, en 167Su apodo, la monstrua, se debía a su apariencia física. Según las crónicas de la época, Eugenia era una niña blanca con un rostro descomunalmente grande. Su vientre era tan descomunal como el de una mujer a punto de dar a luz, y sus muslos eran tan gruesos y carnosos que se confundían y ocultaban su naturaleza vergonzosa. A pesar de tener pies proporcionales a su cuerpo, le resultaba difícil moverse debido a su tamaño desmesurado.

Eugenia nació en una familia de estatura y complexión habituales, lo que hacía aún más sorprendente su apariencia. A la edad de seis años, pesaba cerca de 75 kilogramos, lo cual era considerado un peso extraordinario para una niña de su edad. Sus padres eran de estatura moderada y no tenían deformidades, lo que se consideraba un signo de las maravillas de Dios en esa época.

Presentada ante el rey Carlos II

En el año 1680, Eugenia fue llevada a la corte de Carlos II para ser presentada ante el rey debido a su apariencia extraordinaria. A pesar de tener dificultades para caminar debido a su tamaño, era muy solicitada por las damas de la corte, quienes la llevaban de paseo junto a ellas. El objetivo era hacer que la belleza y la apariencia de las damas resaltaran en comparación con la figura patológica de Eugenia. Los nobles y aristócratas buscaban reforzar su propia imagen al compararse con personas con deformidades, y también buscaban burlarse y divertirse.

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Los retratos de la monstrua

Al igual que otros bufones y enanos de la corte española, Eugenia fue retratada. Los retratos de esta niña burgalesa pueden considerarse como una combinación entre los bufones y enanos que divertían a los reyes en el siglo XVI, pintados por Velázquez, y las obras más científicas de los gabinetes de rarezas y curiosidades del siglo XVIII.

El pintor encargado de retratar a Eugenia fue Juan Carreño de Miranda, uno de los mejores retratistas del barroco español después de Velázquez. En el Museo del Prado se encuentran dos retratos de Eugenia titulados la monstrua desnuda y la monstrua vestida, ambos fechados en 1680. En el retrato en el que aparece vestida, Eugenia sostiene una manzana en su mano izquierda, símbolo universal de la tentación.

Carreño retrató a la niña con delicadeza, respeto y naturalidad. A través de su obra, podemos apreciar la deformidad de Eugenia a través de su magnífico vestido encarnado, que resalta su tamaño desmesurado. Estos retratos son un testimonio de la vida en la corte española en el siglo XVII y de la forma en que las personas con deformidades eran utilizadas para el entretenimiento y la diversión de los nobles.

La historia de Eugenia Martínez Vallejo, conocida como la monstrua, nos muestra la forma en que las personas con deformidades físicas eran utilizadas en la corte española para el entretenimiento y la diversión de los nobles. A través de los retratos de Juan Carreño de Miranda, podemos apreciar la delicadeza y naturalidad con la que el pintor retrató a Eugenia, resaltando su apariencia extraordinaria. Estos retratos son un testimonio de la vida en la corte española en el siglo XVII y de la forma en que la belleza y la deformidad se entrelazaban en la sociedad de la época.

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